Cuando una empresa o persona física entra en concurso preventivo, lo primero que suele aparecer es la incertidumbre: ¿qué pasa con mi deuda?, ¿puedo seguir reclamando?, ¿qué debo hacer para no perder mi derecho?
El concurso elimina la obligación, pero sí cambia radicalmente la forma de cobrarla. Y los primeros pasos que des son fundamentales para resguardar tu crédito.
1. Entender qué significa el concurso
El concurso preventivo es un proceso judicial que permite al deudor reorganizar sus deudas con todos sus acreedores bajo la supervisión de un juez. A partir de su apertura:
- Se frenan las ejecuciones individuales (ya no se pueden iniciar ni continuar juicios para cobrar).
- Los acreedores deben presentarse en el concurso para que su crédito sea reconocido.
- El pago dependerá del acuerdo que logre el deudor con la mayoría de los acreedores y sea homologado judicialmente.
2. Revisar plazos y documentación
El juzgado fija un plazo de verificación de créditos, que suele ser breve. En ese tiempo, cada acreedor tiene que presentar su pedido de verificación.
Documentación que conviene tener lista:
- Contratos, facturas, pagarés, cheques o cualquier título que acredite la deuda.
- Recibos parciales de pago, (si existieran)
- Correspondencia o comunicaciones que prueben la relación comercial.
3. Presentar el pedido de verificación
El reclamo se presenta ante el síndico del concurso, acompañando la prueba documental. Allí se informa el origen del crédito, el monto y si corresponde algún privilegio.
Algunos ejemplos de privilegios:
- Créditos laborales.
- Créditos con garantía real (hipoteca, prenda).
Si no hay privilegio, el crédito es quirografario, y se cobra en igualdad de condiciones con los demás acreedores.
Conclusión
Si tu deudor entra en concurso preventivo, la clave es no quedarse quieto:
- Averiguar rápidamente en qué juzgado se tramita.
- Reunir toda la documentación que respalde tu crédito.
- Presentar la verificación en tiempo y forma.
- Definir la mejor estrategia para cobrar según tu situación particular.
El concurso no significa que pierdas tu derecho, pero sí exige actuar con rapidez y precisión. Los plazos son cortos y los pasos técnicos: una omisión puede costar caro.
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